AÑO WILLIAMS
Nigel Mansell fulminó a sus rivales en el 92 a bordo de un Williams con motor Renault. Firmó una hoja de servicios impecable: nueve victorias en 16 Grandes Premios, doce podios y 108 puntos. Tres subcampeonatos después, “El León” obtuvo la corona que sus manos merecían. La temporada redonda de Mansell, que siempre me recordó a Magnum-Tom Selleck (aunque en nada se parecen), es uno de mis primeros recuerdos nítidos ligados a la Fórmula 1.
Dieciséis años después del título de “El León”, Williams no es lo que era, pero mantiene el prestigio que le otorgan treinta años de trayectoria, ocho mundiales de pilotos y otros tantos de constructores. 2008 es crucial para el futuro de Williams. Con Nico Rosberg (un talento extraordinario) y Kazuki Nakajima, la escudería de Grove pretende escabullirse del grupo de equipos de acompañamiento para volver a ser un actor principal en cada carrera. En Australia, ya lo fueron.
El FW30 dista de ser el mejor bólido del campeonato (lejos de Ferrari, McLaren y BMW, aunque un dedito por delante de Renault, Red Bull y Toyota), pero es un coche digno de un equipo que este año cumplirá 500 Grandes Premios y cincuenta mil vueltas en competición.
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