CINCO PUNTOS MENTIROSOS
Una vez empaquetado el Gran Premio de Australia hasta la temporada próxima (con permiso del Tito Bernie), Fernando Alonso respira aliviado y angustiado a la vez. El asturiano aprovechó como nadie el caos en Albert Park para acabar cuarto y sumar cinco puntos mentirosos.
La clasificación del Mundial (pura anécdota) sitúa a Alonso entre los mejores tras el primer envite, pero el R-28 está lejos de lo que esperaban, incluso, los más pesimistas: Lento en las rectas, ingobernable cuando la pista se retuerce, a una galaxia de BMW, Ferrari y McLaren, la escudería que abandonó el asturiano en diciembre y que ha empezado el año adjudicándose el triplete: victoria y pole para Hamilton (soberbio el británico) y vuelta rápida para Kovalainen, que entregó a Alonso el cuarto puesto al accionar por error el botón de entrada al pit lane en la penúltima vuelta.
Las manos, la capacidad de supervivencia del asturiano y el alboroto de la carrera salvaron el estreno del nuevo bólido de Renault. La sonrisa del bicampeón al final del Gran Premio no ocultaba una leve sombra de preocupación. Alonso sabe que si el coche no mejora, la temporada será complicada. Mucho.
Nada podrá hacer Renault por aumentar las prestaciones del R-28 hasta que el circo aterrice en Montmeló el 27 de Abril. Bueno, sí. Esperar que en Malasia, el domingo próximo, y Barhein, el 6 de Abril, los errores por la ausencia de ayudas electrónicas se multipliquen todavía más, la meteorología eche un cable y que la fiabilidad de los equipos esté a la altura mostrada en Australia. O lo que es lo mismo: rezar y esperar el milagro para poder, por lo menos, puntuar. Y los milagros, en Fórmula 1, no existen.
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